La noche es de los poetas, las putas y de los que mueren de amor.

viernes, 12 de julio de 2013

¿Y si todo fuese mentira? (#Reflexión 2)

Hace un tiempo (y con un tiempo me refiero a unos días) leí un relato escrito por una Vlogger llamada Holly Molly del que no hablaré porque no quiero hacer Spoiler, ni contar gratis este gran relato. Bien pues, este me hizo reflexionar y relacionar la vida y la mentira; y esto a su vez unido con nuestra mente y la imaginación (o como lo llamo también, ‘posibles trastornos psicológicos’).

En fin, al grano. Mi poca inteligencia y mi mente se pusieron a divagar hasta el punto de crear una teoría que a mi parecer es interesante a la par de ‘consecuencias de un cigarro de la risa’ [y no se equivoque señor lector, en ese momento iba perfectamente (aunque eso no me deja muy bien…)]. El caso, en esta teoría mi cerebro llego a la conclusión de que la vida tiene un 50 % de posibilidades de ser una grandísima mentira; aunque no de la forma que tu estás pensando. Comencé a pensar (como anteriormente hicieron grandes filósofos y necio de mí por compararme con estos) en que quizá, y sólo quizá, todo lo que nos rodea no sea real y simplemente esté en nuestro cerebro. Esto dio lugar a dos posibles teorías, si bien relacionadas entre sí, las cuales se apoyan en gran cantidad en la teoría de la cosa en sí y la cosa para mí de Kant (¿Kant? Sí, creo recordar que sí. Eso espero, si no quedaré como un imbécil), en las que interpreto que dice que la cosa en sí es lo interpretado por medio de la razón (que es lo mismo que la realidad, o verdad) y la cosa para mí es lo que interpretamos mediante los sentidos (y estos nos engañan) por lo que no es seguro que esa interpretación sea 100 % verdad (por ejemplo, vemos el cielo azul pero nadie puede negarte que exista un especie de daltonismo que afecte tanto a hombres como a mujeres (y no sea detectado) o que simplemente tu cerebro lo refleja de color azul y en realidad es de otro).

Bien pues, mi teoría se basa (y lo expongo desde mi persona, por lo tanto, mi caso) en que mi vida realmente no existe y es todo una mentira. En realidad, estoy encerrado en una habitación de un hospital psiquiátrico debido a que tengo una de dos: o un trastorno de identidad asociativa por lo que mi cerebro se ha asociado a alguien y de esta base mi imaginación ha creado mi vida; o la otra opción es que tengo un trastorno psicológico de algún tipo (no soy psicólogo ni nada por el estilo por lo que no tengo ni idea de nombres de trastornos) que ha hecho que mi cerebro por medio de la imaginación desarrolle lo que es mi actual vida y yo no sea consciente de ello, por lo que mi vida no es real así que no existe pues realmente como he dicho antes, estoy en la habitación del hospital psiquiátrico atado y sin enterarme de absolutamente nada de lo que pasa a mi alrededor pues mi cerebro está ocupado en crear esta vida que no es real, que es una mentira. Es más, si así fuese, este texto no existiría; las palabras que estoy escribiendo serían pura ficción; mi blog sería producto de mi imaginación (que irónicamente se compone de mi imaginación) y por lo consecuente tú, que estás leyendo esto, no existes. O si. Yo puede que ni te conozca por lo que ¿Cómo es posible que mi cerebro imagine incluso gente que no conozco? Aunque también es verdad que cuando soñamos aparece gente desconocida completamente y, a veces, da la casualidad de que nos encontramos por la calle a esa misma persona que la noche anterior nuestro cerebro creó para introducirla en nuestro sueño. ¿Y si ya conociésemos a esa persona, pero en otra dimensión u otra vida y por eso nuestro cerebro puede “recordarla” en sueños o que simplemente veamos una persona por la calle totalmente desconocida y tengamos la sensación de que la conocemos? Quizá haya otra dimensión, un mundo paralelo. Como cuando te miras al espejo: aparecer reflejado pero de forma invertida, por lo que lo que hay “detrás” del espejo quizá sea otra dimensión en la que existe un llamémoslo doble tuyo y de todo el mundo, pero este sea el extremo contrario a lo que tu eres en esta dimensión. Que sea tu “yo” pero invertido. Interesante ¿no creen?

sábado, 6 de julio de 2013

La importancia de un buen título (#Reflexión 1)

He aquí, mi primera reflexión escrita. La temática de esta reflexión puede parecer una tontería, pero es realmente importante.

Un título. El título de una novela, de un poema, de un relato… El título de una creación en general es algo más serio e importante de lo que está “valorado”.
¿Por qué será tan difícil de decidir que título poner?

En ocasiones resulta sencillo, simplemente porque si vas a hablar de un tema, evidentemente lo llamarás como este; o porque meramente has desarrollado tu creación en función de un título previo como podría ser una cita, un fragmento de otra obra (o una frase), incluso el mismo título de otro texto que has decidido desarrollar de forma diferente para experimentar.

Sin embargo, cuando no te encuentras en esta situación, es realmente difícil escoger un título. Este, debe recoger en una frase toda la temática de la obra; debe hablar por ella; debe atraerte a ella; debe enamorarte a primera vista; debe impactar; incluso debe manipularte para que lo leas. Es por esto que es tan difícil elegir el título correcto. Es algo muy complejo y a su vez muy personal, pues si en la creación ya pones gran parte de ti, en el título pones una gran cantidad también. Me atrevería a decir que incluso más que en el desarrollo. Es por esto que también, hay veces que el título no tiene nada que ver con la creación. Esto es porque a los ojos del espectador no tiene ningún vínculo ni relación, pero a los ojos del creador, tiene un trasfondo y un significado más complejo y personal.

Y es por esto que el creador, tarda una gran cantidad de tiempo en decidir que título poner, pues nunca ninguno es suficientemente bueno. Y me atrevo a decir, que siempre será difícil, que nunca cambiará esto y que nunca un título será suficiente para su creador.



He de admitir que no ha salido como esperaba. Supongo que eso en parte es bueno, aunque anoche todo fluía y sonaba mucho mejor. Que cosas…