Tiene gracia la de sorpresas que
nos puede dar la vida. Y tiene gracia que también nos putee con estas. Que nos
pasemos la vida buscando a nuestra alma gemela perdida por el mundo. Y tiene
gracia que la encontremos.
Que encontremos a una persona que
en dos días sepáis más el uno del otro que cualquiera con el que habéis estado
rodeados toda vuestra vida. Que encuentres a esa persona que es exactamente
igual que tu, y que a su vez te complementa de la forma más exacta y exquisita.
Que encuentres esa persona que realmente entienda como te sientes, y te
entienda a ti. Que tú también le entiendas y dos cuerpos se conviertan en uno. Que
seáis los mejores amigos con solo haber hablado un par de veces. Que no paréis
de hablar aunque sea de tonterías pero sin ser intencionado. Y básicamente, que
se haya convertido en tu adicción.
Pero lo que no tiene tanta gracia…
…es que tenga que ser a través de
una puta pantalla.
Que nuestra alma gemela esté
separada de nosotros. Que esté a kilómetros de distancia. Que esté a horas de
donde tú estas. Pero lo que más jode es que esté a tres putas horas de ti. Que
no esté relativamente lejos y tú no puedas hacer nada por presentarte ante ella o traerla aquí. Que habléis de lo perfecto que sería que vivieseis
simplemente a una maldita hora de distancia. Lo perfectos que serían los
momentos que pasaríais juntos. Que cogerías tu Saeta de fuego, tu Ford azul
claro volador, que irías andando o en hipogrifo si hiciese falta; pero que no
puedes.
Tiene gracia como juega con
nosotros la vida.
Tiene gracia que me digas: ‘Yo
creo que eres mi alma gemela perdida por el mundo’; y yo no pueda hacer nada.

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