…no sirve de nada.
Debería acostumbrarme a que me
pase esto. Aprender que la vida no es para mi, o que me faltan demasiadas
lecciones por aprender aún para que algo, por mínimo que sea, me salga bien.
Debería saber, que esto me va a pasar siempre.
Asumir que el romanticismo no
sirve para nada. Que son gilipolleces sin sentido, que inventaron cuatro poetas
ilusos y locos (perdóname Neruda), con palabras que nos han absorbido a todos
los inocentes de este mundo. Y que abrirse a una persona y dejarse llevar, es
el mayor error que puedes cometer en
tu vida.
Reconocer, que ser un insensible
y una persona fría es la única forma que existe para sobrevivir a este mar de
hienas. Que ser hielo es mejor que ser lava. Que las hostias avanzan más que
las palabras. Que un te quiero se lo lleva el aire, pero un te odio deja marca.
Que el amor no existe, solo existe el dolor, y los que no queremos reconocerlo
acudimos al primero para vivir en nuestro mundo y no ver la jodida realidad.
Descubrir que el miedo reina
sobre todas las cosas. No hay nada más. Solo miedo. El mundo está organizado
alrededor de nuestros mayores temores. Y no tenemos los cojones suficientes
para afrontarlos. Simplemente lloramos, nos retorcemos en nuestro dolor. Nos
gusta hacernos las víctimas. Somos
patéticos.
Pero nada es para siempre. Ni si quiera estas palabras, este
pensamiento. Esto es una simple reflexión y mañana (o quizá en unas horas) seré
uno más de esos estúpidos e ilusos románticos de la vida que lo pasan mal una vez
tras otra, sin aprender la puta lección que la vida tiene para él. Y os diría
cuál es, pero yo aún no la he aprendido.

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