Lofu, escribe cuando Silvia se despide de él y este le dice que la
quiere. Ella es única. Tan solo quedan horas para su cumpleaños. Dieciséis
años. Ya es toda una mujer. La nota nerviosa, emocionada, excitada. Al fin será
su cumpleaños y está claro que no puede esperar.
Sergio está frente a su ordenador
apagado, con música en el iPod y pensando en ella. Recuerda las finas curvas de
sus labios, esa sonrisa que le hipnotiza, esa nariz chiquitita, esos ojos azul
platino que le vuelven loco…
Poco a poco va recordando a
Silvia como si estuviera frente a él. La mira con una sonrisa de tonto mientras
ella ríe y salta emocionada, pues quedan horas para su cumpleaños.
Silvia le coge de un brazo.
Quiere que se levante pero no lo hace y se acerca hasta que se rozan sus
labios. Y se funden en un dulce, erótico y delicioso beso.
Pero Sergio sabe que eso no es
real. Son solo imaginaciones. Sabe que jamás besará sus labios.
Al fin y al cabo, Sergio no es
gran cosa. No es muy alto, ojos marrones; algo típico, algunos granos alrededor
de su rostro, pelo castaño… En resumen, uno cualquiera.
Muchos de los chicos de su edad
le superan con gran diferencia.
Una lágrima comienza a descender
desde sus ojos hasta la comisura de sus labios. Y otra. Y otra. Una tras otra
van descendiendo hasta que Sergio se rinde y se derrumba. ¿A quién quiere
engañar? Ya está harto de fingir que todo va bien, de ponerse una máscara y
hacer que es feliz.
Y lo peor es que el muy imbécil
se hace ilusiones todos y cada uno de los días que pasan. Se imagina cosas
como que todo eso puede ser real, a
pesar de que sabe que no sucederán y que le hagan sufrir. Se hace daño a si
mismo pero está dispuesto a pasar por ello, solo por Silvia.
Se siente como un imbécil pero la
ama, y él, por amor hace lo que sea.
Le hace daño pero no piensa
parar. Se podría decir que es un masoquista.
Algunos los llamarán tonto.
Otros, loco. Otros ambas cosas, tal vez.
Pero esas personas no tienen ni
idea de lo que Sergio siente por ella. No saben como se siente cuando la ve,
cuando habla con ella, cuando la escucha reír, cuando le dice un simple ¡Hola, cari!; algo no tan simple para
él.
Sergio ha llorado, reído, se ha alterado,
relajado… Ha sido el más feliz del mundo y el más desgraciado. Y todo por ella.
Ha tenido miedo. Ha llegado hasta
dolerle el corazón por un Quiero que
seamos solo amigos o cuando le decía Te
quiero aunque fuera para despedirse. Ha sentido como le clavaba esas
palabras como si fuera un puñal que le atravesaba.
Es más, de recordar todo esto le
duele.
Sergio la ama sobre todas las
cosas. Hasta sobre si mismo. Sería capaz de dar su vida por ella. Prácticamente
toda su vida gira en torno a ella.
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