Siempre tuvimos los días
contados, pero aún no lo sabíamos. El tiempo nos parecía eterno, y esa
eternidad se acabó. El miedo, la cobardía, callarnos cuando nos lo queríamos
decir todo, estar en silencio mientras nuestra cabeza chillaba nuestros
nombres, mientras se decían lo que sentían… Todo esto consumió nuestro tiempo,
nuestros días, nuestra eternidad. Unas simples palabras, un simple te quiero lo
habría cambiado todo. Pero no fue así, no tuvimos el valor de decirlo, de
confesar que desde que teníamos 3 años, nos queríamos… Que estábamos destinados
el uno al otro durante todo ese tiempo. Y lo hemos desperdiciado. Maldigo las
veces en que pensé decírtelo todo, y por simple vergüenza me calle y sonreí. Y
nos damos cuenta de lo que hicimos, de que nos hemos equivocado al callarnos.
Pero ya no hay marcha atrás… No creíamos jóvenes, pero nuestros días no lo
eran. Y siento rabia, rabia por darme cuenta ahora de los estúpidos que hemos
sido y de que ya no podemos cambiar nada… Siempre tuvimos los días contados, y
nos hemos dado cuenta tarde…

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