La noche es de los poetas, las putas y de los que mueren de amor.

domingo, 13 de enero de 2013

Shock P-2


Se levanta de la cama y se dirige a la ducha. Quiere despejarse y dejar de pensar por un momento. Abre el grifo y enciende el agua caliente. Mmmm, le encanta ese calor que desprende el vapor.

En el instante que mete un pie en la bañera suena el teléfono. Lo coge. Con cada palabra que va escuchando su rostro poco a poco se va volviendo más pálido. No puede creer lo que está escuchando. Silvia ha muerto. Se ha quitado la vida.
Sergio quiere morir. No puede respirar. Todo a su alrededor se está desmoronando. No sabe que hacer.

Le informan de que antes de morir, Silvia había dejado una carta a su nombre.
Debe pasar a recogerla y sin pensarlo dos veces se viste y sale de casa.

Cuando vuelve lleva un sobre en su mano, escrito con puño y letra de Silvia su nombre y apellidos. Le tiemblan las manos. Quiere fumar. Se sienta en la silla, saca la carta y la deja sobre el regazo de sus piernas. Saca un cigarro y enciende el mechero. Está temblando. En un espasmo que le da al brazo, deja caer inconscientemente el mechero encima de la carta por lo que ésta, comienza a prender. Sergio está anonadado. Ha destruido lo último que le quedaba de ella. Corriendo antes de que se prenda entera intenta leer alguna palabra pero solo consigue leer una única frase: Sergio, yo te amaba.

Al leer esto, se queda paralizado. Ella le amaba. Podría haber sido el más feliz del mundo si hubiese sido un poco más valiente. No puede creerse que por haber sido tan imbécil haya perdido a Silvia. Se siente más desgraciado que nunca. Jamás podrá perdonárselo.

Va hacia el baño. Con las prisas se había dejado la bañera llena. Cuando ve el agua no lo duda ni un momento. Se desnuda. Coge una cuchilla de afeitar. Entra en la bañera y… Zas, zas. Sergio deja caer los dos brazos en el agua. Nota fluir la sangre dentro de él. Nota como se va mezclando con el agua. Le duele, pero esa es su penitencia. Si no es junto a Silvia, no puede vivir. Poco a poco su visión va oscureciéndose. La sensación de cansancio invade todo su cuerpo y los párpados se le cierran lentamente. La fuerza de su cuerpo disminuye y sabe que es el momento de dejar de luchar. Cierra los ojos y ya está. Oscuridad. Tranquilidad. Silencio. Todo ha acabado. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario