Se levanta de la cama y se dirige
a la ducha. Quiere despejarse y dejar de pensar por un momento. Abre el grifo y
enciende el agua caliente. Mmmm, le encanta ese calor que desprende el vapor.
En el instante que mete un pie en
la bañera suena el teléfono. Lo coge. Con cada palabra que va escuchando su
rostro poco a poco se va volviendo más pálido. No puede creer lo que está
escuchando. Silvia ha muerto. Se ha quitado la vida.
Sergio quiere morir. No puede
respirar. Todo a su alrededor se está desmoronando. No sabe que hacer.
Le informan de que antes de
morir, Silvia había dejado una carta a su nombre.
Debe pasar a recogerla y sin
pensarlo dos veces se viste y sale de casa.
Cuando vuelve lleva un sobre en
su mano, escrito con puño y letra de Silvia su nombre y apellidos. Le tiemblan
las manos. Quiere fumar. Se sienta en la silla, saca la carta y la deja sobre
el regazo de sus piernas. Saca un cigarro y enciende el mechero. Está
temblando. En un espasmo que le da al brazo, deja caer inconscientemente el
mechero encima de la carta por lo que ésta, comienza a prender. Sergio está
anonadado. Ha destruido lo último que le quedaba de ella. Corriendo antes de
que se prenda entera intenta leer alguna palabra pero solo consigue leer una
única frase: Sergio, yo te amaba.
Al leer esto, se queda
paralizado. Ella le amaba. Podría haber sido el más feliz del mundo si hubiese
sido un poco más valiente. No puede creerse que por haber sido tan imbécil haya
perdido a Silvia. Se siente más desgraciado que nunca. Jamás podrá
perdonárselo.
Va hacia el baño. Con las prisas se había dejado la bañera llena. Cuando
ve el agua no lo duda ni un momento. Se desnuda. Coge una cuchilla de afeitar.
Entra en la bañera y… Zas, zas. Sergio deja caer los dos brazos en el agua.
Nota fluir la sangre dentro de él. Nota como se va mezclando con el agua. Le
duele, pero esa es su penitencia. Si no es junto a Silvia, no puede vivir. Poco
a poco su visión va oscureciéndose. La sensación de cansancio invade todo su
cuerpo y los párpados se le cierran lentamente. La fuerza de su cuerpo
disminuye y sabe que es el momento de dejar de luchar. Cierra los ojos y ya
está. Oscuridad. Tranquilidad. Silencio. Todo ha acabado.
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